Hasta luego, Ferran

El día que leí la tesis, mi madre se acercó a Ferran y le dijo: “Gracias por todo, Ferran. Gracias por haber hecho igual que un padre con ella.”

Acaban de llamarme para decirme que mi padre científico, mi director de tesis, ha muerto. Escribo esto aún en estado de shock, cuando pasan por mi cabeza tantos momentos de consejos, de reuniones, de risas y de viajes por el mundo, de encuentros y desencuentros, de aprender y de imitar. Cuántas veces he repetido “como diría Ferran…”, “eso hay que preguntarlo a Ferran”, o “¿qué diría Ferran?”. Cuántas veces después de acabar mi tesis he mirado un artículo antes de enviarlo a publicar con “ojos de Ferran”, buscando qué diría él que le falta o le sobra.

Somos muchos sus hijos científicos. Muchos los que lo admiramos y que echaremos de menos esa llamada de urgencia a la que, indefectiblemente, contestaba con un sereno “Digueu-me?” que ya te hacía pensar que el problema se iba a resolver.

Ferran era esa persona que, cuando ibas a cenar con un grupo, el camarero identificaba sin dudarlo como el que prueba el vino. El pater-familia que nos congregaba en Barcelona cada cierto tiempo para darnos ese empujón que nos hacía falta.

Cuántas veces he dicho lo de que uno no puede tener un ex-director de tesis, que cuando uno lo es, lo es para siempre. Para siempre, Ferran. Un beso allá donde estés.

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De Costa Rica a Esplugues en 20 minutos

Como lo más emocionante que me pasa ahora es los jueves porque lo demás es rutina, vuelvo a la carga con mis clases de mates, que ya se han transformado en manipulación de frijoles para poder entender la multiplicación y la división.

Hoy me ha acompañado una amiga, que es profe de instituto en Esplugues (Barcelona). Al salir, tenía cara de haber hecho un viaje en el hiperespacio.

Hemos trabajado separando a los chicos según las NO-afinidades que, en estos casos, despiertan su agresividad y hemos estado cada cual con un grupito. En general el ambiente era bueno y hoy nadie se pegó con nadie. Uno de los chicos, que nunca había estado escolarizado antes (tiene 9 años), hoy estaba encantado porque silabea. Forma palabras y cuenta con los dedos. Incluso ha podido participar en un par de juegos con otros. Con ayuda, pero integrándose.

El chico nuevo hizo química buena con otro que ya está bien integrado y ahí los puse a jugar a juegos de triángulos y cuadrados. Además, ya tengo detectado al mejor en mates: El único que es capaz de hacerme 12+12 de cabeza y que, al contar frijoles, los empareja y cuenta de dos en dos para ir más rápido. Algo me ha dicho de una “vara” (en castellano de Castilla: rollo, lío, historia) de su profe y una olimpiada de matemáticas, pero cuando ha visto que lo escuchaban otros, ha parado. Tengo que preguntarle por esa vara cuando lo pille a solas.

En la reunión de las tres profes al final, nos han aclarado algunas de las circunstancias personales que no pongo aquí pero os pondrían los pelos de punta. En el coche de vuelta a San José, íbamos la psicólogo, mi amiga y yo. Cuando la psicólogo ha preguntado que qué tal le había parecido, mi amiga (insisto, profe de instituto en Esplugues), nos ha dicho entonces cómo esta mañana ha sido una teletransportación a su día a día en el instituto: Niñas golpeadas (o peor) por sus padres o familiares, niños echados de casa, con hambre, tristes, con tristes historias…

Al final, todos vivimos en una burbuja en la que 20 minutos nos separan de un mundo que apenas somos capaces de mirar. Tanto giramos la cara que incluso podemos pensar que no existe. Los 20 minutos que hay de mi casa al corazón de Pavas. Los 20 minutos que hay de Barcelona a Esplugues.

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Profe, ¿usted hace brujería? (Y otras preguntas difíciles)

Al entrar en la sala comunal donde hacemos el taller oigo “¡mentira!”. Al rato, me dice que tiene 11 años y se repite por un compañero el mismo “¡mentira!”. Me dicen que tiene 14. Ella sonríe orgullosa. Es la mayor del grupo hoy. Me dice que luego se irá pronto porque la espera su esposo. Para mis adentros, oigo el “mentira” que ya ha sonado dos veces, pero luego me confirma la psicólogo que tiene “una vara con un mae” (en castellano de Castilla, “un lío con un tío”). Me aclara que el “mae” tiene 42 años. Vamos un pederasta hijoeputa. Qué pena que justo esto no sea mentira.

Coge un libro de esos de colorear y apenas presta atención al atlas con el que aprovecho mi lejana procedencia: Miramos la escala, aprendemos a medir con la regla, e intentamos saber cuántos kilómetros nos separan de mi casa, donde todos hablan parecido a las series que les gusta ver en la tele. Un centímetro son 1.000 km en este mapa. Y dos centímetros, ¿cuánto son?. Tras una pausa, suena un fuerte “¡Doscientos!”. Ok, pienso. Sigamos bajando y bajando, que las lagunas de estos chicos tienen la misma profundidad que el mismísimo océano. Ella presta atención a medias mientras sigue coloreando un dibujo infantil. Igual le traigo unos mandalas el próximo día.

De repente, pregunta: -Profe, ¿usted hace brujería?-. Sin querer interrumpir nuestra nueva misión (calcular cuánto mide Costa Rica de norte a sur), murmuro que no creo en la brujería. Cambia de tercio: -Profe, ¿y tampoco cree en Dios?- [Glups…] -Hmmm…No mucho.-, respondo. Ahora cinco caras sorprendidas me miran. No dan crédito. Y yo pienso cómo salir rapidito del tema cuando uno de ellos, sin respirar apenas entre frase y frase me espeta: -Y quién hizo el mundo, ¿eh? Y los pájaros y las plantas y la tierra, ¿eh? Y al hombre, ¿qué? ¿quien dice usted que hizo al hombre?-. Ahí ya tengo que entrar. Una cosa es hablar de creer en Dios o en brujerías. Otra, es negar la evolución. Y respondo: -Bueno, yo creo que los hizo la evolución. Si quieren, admito que lo del bigbang suena raro, pero los peces vienen de las amebas y los hombres, de los monos.- No dejé que siguiera la discusión más allá hasta entender en qué profundidades me estaba metiendo y saber cómo se gestiona este tema en los coles en un país que no es laico.

Un pequeño sondeo de mi entorno me descubre que la postura habitual de niños y mayores es que hay dos teorías: el creacionismo y la evolución, siendo la segunda la menos apoyada desde los colegios y absolutamente minoritaria. En una de estas charlas, conseguí un “de acuerdo para los peces y eso, pero ¿el hombre? ¡ni hablar! ¡el hombre no puede venir del mono!”. Ahora me pregunto qué habrán pensado todos los creacionistas cada vez que he hablado de crianza (cuando tienes un bebé es un tema recurrente), y yo he dicho que yo confío en nuestra parte animal del animal-racional. Y que, como mamífero, creo que es normal que un cachorro quiera estar en brazos de su madre, tomar teta y dormir mejor si su madre está cerca. También he hablado alguna vez en el parque de que no es normal la altísima tasa de cesáreas (Costa Rica, 20%; Méjico, 40%) ni de lactancias artificiales recomendadas por el pediatra. Y que nos habríamos extinguido si todas ellas fueran ciertas. “¿Extinguirnos? ¿mamíferos? ¿qué dice ésta incompleta mujer salida de la costilla de Adán?”, debe haber pensado más de uno.

Aún no me he recuperado del susto.

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¿Cuántos hermanos tienes? (Y otras preguntas difíciles)

El modelo típico de familia española con padre, madre y uno o dos niños es raro aquí. Y no hablo de que vivan o no todos juntos, que en España se separa mucha gente. De lo que hablo es de que incluso el cole avisa mediante una circular de que los descuentos de tercer hermano se aplican también a los medio-hermanos pero que hay que avisar de los emparejamientos de apellidos. No he mirado estadísticas pero es muy alta la proporción de niños que tienen otros hermanos sólo de padre o sólo de madre. Así, la pregunta de ¿cuántos hermanos tienes? es medio difícil en según qué circunstancias. Puede ser que una medio-hermana que me lleva 15 años viva también en la casa y ya sea madre (adolescente o muy joven) de un par de niños que se crían conmigo pero son medio-sobrinos. Y que mi hermano pequeño sea de otro padre. Distinto del mío y/o del de mi hermano mayor.

En estas estamos cuando una conocida me anima a ir una mañana a la semana a ayudar a un centro donde acuden chicos en riesgo psico-social por las mañanas. Me piden apoyo con las mates. La primera pata la meto cuando pregunto a, digamos, “Aishun”, que aparenta 7 años pero tiene 9 que cómo se escribe su nombre, para apuntármelo en mi libreta. Dice algunas letras y más o menos me invento el resto de lo que voy entendiendo que dice. Le enseño lo que escribo y voy diciendo “¿así?”. El chico asiente. La segunda pata, cuando al rato me acerco a hablar con él. Está fuera del grupo. En un aparte con la psicóloga. Por romper hielo, cambio cuatro preguntillas e incluyo el típico español “¿cuántos hermanos tienes?”. Él vacila unos segundos y acaba diciendo: “Tres”.

Ignorante de mis errores, trabajo un rato con una chica (13 años) que trae sus apuntes de álgebra. Justo están empezando tema nuevo: Ecuaciones lineales. Definición de variables y un par de ejemplos de “Despeja la x”. En mi camino hacia atrás buscando la laguna de contenidos que le impide entender aquello, llego hasta la multiplicación. El concepto estaba cogido con hilos. Las tablas, ni por asomo. Nivel calculado así en un momento: 3o de Primaria.

Entonces la psicólogo me llama. Me enseña lo que está trabajando con mi amigo Aishun. Emparejan con un puzzle número (grafía) y cantidad (coches, globos, etc). Me aclara que el niño no ha estado escolarizado hasta ahora y que aún no lee ni escribe. [Me sonrojo al recordarme pidiendo el deletreo de su nombre y la confirmación de lo que he escrito en mi libreta]. Hogar descompuesto, con gente que vive allí sin estar muy claro quién es padre, madre, abuela, o medio-hermano. [Tomo nota mental de nunca jamás de los jamases volver a preguntar por el número de hermanos.] Están trabajando el conteo y la identificación de la grafía de los números. Salgo a la puerta y vuelvo con 10 piedritas. Ponemos tres piedras sobre los tres coches que él ha emparejado en su puzle con el número 3. Ahora le pido que las lleve sobre los 5 globos. “¿Cuántas más quieres?”, digo antes de que empiece a mover las piedras. “¡Cuatro!”, me dice sonriendo. Mueve las tres piedras y me va devolviendo de las cuatro que le di. Va ajustando según va viendo que le sobran. Nivel calculado: 1o o 2o de Infantil. Por edad, lo han escolarizado en Tercero de Primaria. En su cuaderno tiene los deberes del cole: Quince Sumas.

Vuelvo a casa y respiro hondo. Pienso que se me hará aún más duro cuando no tenga que mirar en mi libreta para recordar sus nombres, cuando no mezcle sus historias. Borro de un manotazo mis pensamientos y comienzo a preparar actividades para la próxima semana. Si no aprenden matemáticas, que no sea porque pensé que daba igual, o que no se lo merecían, o que era imposible. Que no sea porque tiré la misma toalla que aquel funcionario que escolarizó a un niño analfabeto en Tercero de Primaria. O esa profesora de Tercero de Primaria que en el cuaderno de las sumas había escrito con caligrafía infantil una nota a la madre diciendo que el niño se pasa el tiempo en el pasillo, que no hay quien lo controle.

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Fin de la huelga de maestros

Acabo de leer http://www.elpais.cr/frontend/noticia_detalle/3/92161 que se va a poner fin a la huelga de maestros.

Hace casi un mes que tenemos a los maestros en huelga. Entre medias, ha habido un cambio de gobierno, así que dejaron de protestar en la puerta del ministro X para pasar a la puerta del ministro Y. La protesta es por los salarios. Que dicen que no les pagan. Algunos dicen que desde febrero, otros dicen que les han ingresado 11 colones (menos de 20 céntimos de euro), otros dicen que tenían horas extra que no cobraron. No he oído que nadie haya cobrado de más (y con ese lío es extraño, ¿verdad?). Desde hace un mes se suceden en la prensa noticias al respecto. Un día parece que echan la culpa al programa de nóminas; al siguiente a los que metían los datos en el programa; las malas lenguas dicen que no hay dinero. 

Si el problema era, efectivamente, del software, tiene delito. Mucho delito. Culpan a la nueva versión del programa de nóminas de los errores en los pagos. Según algunas noticias, hicieron directamente el cambio, habiendo probado poco, sin comprobar que repetía con exactitud el programa anterior y así, todos los fallos de programación repercutieron directamente en los cobros de las nóminas de los maestros del país. Curiosamente, aún no he oído declaraciones de los responsables de ese software. Sólo he leído por ahí que costó (las cifras bailan mucho según la fuente) entre 1 y 3 millones de Euros. Veo en el acuerdo para el cese de la huelga que van a investigar el programita de marras. Menos mal. Porque llevo 4 semanas esperando las declaraciones de algún responsable. Pero parece que el informe va a tener que hacerse… “ahorita”. Vamos, que a final de agosto a ver si se han aclarado. Flipo.

Flipo aún más cuando, según avanzaban las semanas, me entero de que el problema sigue sin resolverse porque no consigue el Ministerio de Educación aclararse de cuánto se debe a quién (http://www.ameliarueda.com/nota/gobierno-desconoce-magnitud-en-atraso-de-salarios-a-educadores-acepta-minis). Y los niños sin ir al cole. En total, hay unos 75.000 maestros en Costa Rica (sí, es un país chiquitito). Se dice que hay afectados unos 6.000. Y entonces ya no entiendo nada. Digamos que soy muy torpe. Digamos que los datos están confusos. Digamos lo que digamos. ¿Cuánto tardaría un pequeño equipo en meter A MANO en una hoja de cálculo 6000 entradas? Columna A: Nombre; B: Lo que dijo el programa que no funciona que se le ingresara; C: Lo que dice el programa antiguo. Como si no usamos excel, hombre, ¡que son 6.000 datos! Creo que estamos delante de uno de esos ejemplos que tanto pongo a mis alumnos cuando se preocupan por si un algoritmo de ordenación es lento o rápido sin pararse a pensar si va a tener que ordenar 10 datos o 10 millones de datos. ¡Demonios! 10 datos los hago a mano!!!

Flipo aún más (si cabe) cuando leo que la huelga está afectando a los más desfavorecidos porque si no hay cole, no hay el almuerzo gratis que se les daba en el cole. ¿Puede que sea la única comida caliente de estos chavalines? ¿Y tardamos un mes en resolver el conflicto? (Conste que no culpo al maestro que se puso en huelga porque ya no le fiaban en la tienda de ultramarinos y su hijo tampoco tenía para comer ¿eh? que de esos me consta que también había unos cuantos.)

Y mi flipamiento llega a su máximo esplendor cuando leo en el acuerdo que no les van a quitar el salario del mes que no han trabajado. Cito textualmente:

I. El MEP se compromete a no ejecutar sanciones de ninguna índole, ya sean disciplinarias, de rebajos salariales u otras, en razón de la participación en este conflicto originado por el incumplimiento en el pago completo y oportuno de los salarios, siempre y cuando se reincorporen a sus funciones en el plazo que se indica en el presente acuerdo. 

Hasta donde yo sé leer, ¿esto dice que los maestros que -con razón o sin ella- han dejado sin clases (o sin comer) a unos cuantos miles de niños porque no han ido a trabajar, no van a tener sanciones de rebajas salariales? Pues flipo. Flipo. Y flipo.

 

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Los niños abandonados

Imagina que vives en un país de grandes diferencias sociales como, por ejemplo, Costa Rica. Imagina que eres una mujer y que el salario de tu marido es… absurdamente alto. Imagina que tener ayuda en casa es… absurdamente barato. Tienes una interna y una cocinera (que también se ocupa de la plancha). Imagina ahora que no trabajas y que ocupas los días en ir al gimnasio, a la pelu, quedar con una amiga a comer… ¿Me sigues? ¿Te imaginas?

Ahora, imagina que tienes 2 ó 3 niños menores de 10 años. Por supuesto, van al mejor cole (dicho a tu modo, al más caro). Por supuesto, tienen juguetes para exportar, tabletas, wiis, y todo lo que cualquier niño podría desear.

Por las mañanas has contratado el servicio de autobús del cole porque no compensa meterse en el atasco. La interna se levanta bien temprano y les prepara los desayunos y los almuerzos. Se ocupa de que se pongan los uniformes y les lava la cara. “Adios, chicos”, dices a las 7:15 mientras empiezas a saborear el café que la cocinera preparó y ya impregnaba de aroma toda la casa mientras te arreglabas.

Miras tu agenda y, tranquilamente, guasapeas con algunas amigas. Sales al banco y a comprar cuatro cosillas en un supermercado que es algo más caro, pero tiene dos chicos en cada caja para que te lleven las bolsas al coche. Recoges unos pendientes que llevaste a arreglar y vas para el Starbucks, donde has quedado con una vieja amiga para charlar un rato. Comentas lo bien que estuvo el coctail de recogida de fondos que organizó fulanita para la asociación con la que colaboras. Donas juguetes, das un cheque de vez en cuando, les das ropa para las madres sin recursos… Pobres chiquillos abandonados, comentas. Una imagen del dormitorio del pequeño se te viene a la cabeza: todos sus juguetes, su tele y la PSP, su cama bien mullida, un escritorio para cuando empiece a tener que estudiar. Sacudes la cabeza pensando en esos chiquillos que viven en casas de paredes de uralita y suelo de tierra, cuidados por sus hermanos mayores porque la madre trabaja más horas que un reloj limpiando casas.

Llegas a casa algo más tarde de lo previsto porque has pasado por el centro comercial al volver. Definitivamente, necesitas unos zapatos que vayan bien con el bolso que te regalaron por tu santo, pero no hay manera. Mil tiendas has mirado y no ha habido suerte. Estás muerta de tanto andar.

Mientras tanto, los niños volvieron en el autobús. La interna les dio la merienda y se los ha llevado al parque. Te echas un rato para descansar y recuerdas, con pesar, que no le has dicho a la cocinera qué se hará de cena hoy. Haces un esfuerzo y vuelves a levantarte del sofá para decírselo. Qué pereza da tener que pensar cada día qué se va a comer. Ahora sí que te duermes media horita.

Te despiertas y ordenas las compras que trajiste. Al guardar los pendientes, recuerdas que tu marido te pidió que cambiaras la pila de ese reloj. Lo apuntas para hacerlo mañana. Piensas que, si lo llevas a tal sitio, mientras cambian la pila puedes seguir buscando esos malditos zapatos. Todos los días hay alguna cosa pendiente. Qué fastidio.

Los niños han vuelto del parque. Les das un beso y les dices que vayan a hacer los deberes. Te sientas diez minutos con cada uno casi con el reloj en mano: Si pasas más tiempo con uno que con otro, acaban saliendo los celos y montan una escena. La interna los ayuda a bañarse y ponerse los pijamas cuando acaban mientras tú hablas con la cocinera sobre lo que hay que comprar mañana.

Pronto llegará tu marido a casa. Los niños cenan en la cocina mientras organizas algunas facturas en las carpetas. Les metes un poco de prisa a ver si cuando llegue el padre están ya dormidos y puedes charlar tranquilamente con él. Es tan difícil cuidar una relación de pareja cuando hay niños y él trabaja tanto, que intentas reservar momentos para estar a solas.

Justo antes de dormirte, vuelve a tu cabeza la asociación. “Debería sacar algo de ropa pequeña de los armarios de los chicos para dársela a los niños abandonados”, piensas. En el cuarto de al lado, tus hijos duermen ya.

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Una carrera de obstáculos

Todos los Ticos con los que hablo coinciden en que hay un exceso de reglamentación en el país y un exceso de incumplimiento de los reglamentos. Parece que para combatir cualquier problema (sea que muchos van sin seguro en el coche o sea que muchos explotan a la empleada doméstica) sacan una ley, reglamento o normativa que insiste en la ilegalidad del hecho. Pero nunca nos han parado a pedirnos los papeles del coche. Ni sé de nadie a quien se los hayan pedido. Y conozco alguna empleada que trabaja de sol a sol como interna 6 días por semana. Por el salario mínimo legal, hacen ¿72? horas por semana. Totalmente ilegal. Sabido (que es ilegal) y aceptado (que se haga) por todos (patronos y empleada).

Uno de los obstáculos con los que nos hemos tenido que enfrentar es que hay una normativa clara y muy estricta sobre cómo conseguir la residencia temporal en el país. Tipo tal, tipo cual y tipo pascual. Las instrucciones para cada tipo vienen en un documento que se puede descargar de la web y que tiene:

- una lista de 18 papeles, cartas, certificados y comprobantes del que destaco el número 4:
Recibo de pago por la suma de ¢ 125 y ¢ 2,50 por cada hoja que presente con la solicitud de residencia, donde se indique el nombre de la persona extranjera como depositante.
Desconozco si hay que pagar los 2,50 colones contando también la hoja del recibo de pago por hoja.

- una lista de 20 “Notas importantes” de la que destaco la número 13:
A toda fotocopia de un documento original confrontada ante funcionario, deberá adherirse un timbre fiscal de ¢20 colones y un timbre archivo de ¢5 colones.
Dado que la relación Colón-Euro a día de hoy dice Google que es de 0.0013, los timbres son de 3 y 1 céntimo de Euro respectivamente. Para todas y cada una de las fotocopias que aparecen en el listado anterior (!)

- un listado con 12 pasos para realizar los trámites, que incluyen como paso 9:
Cuando el expediente este completo, la Dirección cuenta con 90 días para resolverlo.
Sí. Tres meses. Más del tiempo que dura un visado de turista español.
El trabajo de Joaquín para resolver esta cuestión ha sido brutal porque, a pesar de todos los tipos de visado, nuestra situación no era ni el uno, ni el otro, ni aquel de allá. Y toca “inventarse” los 18 papeles, las 20 notas y los 12 pasos para este caso. Y el número de fotocopias… hagámoslo al peso ya, que los expedientes de los 5 miembros ya ocupan uno de esos archivadores definitivos de cartón. Apostillas de la Haya, firmas de funcionarios, sellos, timbres, ingresos en tal banco, nadie contesta hoy al teléfono, mañana tampoco,…

Mientras tanto, el tiempo corría y nosotros seguíamos con nuestro visado de turista, que da 3 meses de estancia legal en el país. Nos aseguraron que, una vez depositados todos los documentos, este plazo se interrumpía y no se nos consideraba “ilegales”. Eso te da cierta tranquilidad, efectivamente, pero un día sucede que ya hace 3 meses que entraste en el país. Y los papeles de la residencia siguen sin estar listos.

Poco después de cumplirse los 3 meses, recordamos que también había una normativa de tráfico respecto al uso de carnets de conducir de otros países. Al revisarlo vemos que, efectivamente, tras tres meses ininterrumpidos en el país, el carnet extranjero ya no es válido y hay que homologar la licencia. El plazo para hacerlo… ¿cómo? ¿lo habré leído bien?… Sólo se puede homologar la licencia si uno lleva 3 meses ininterrumpidos en el país. Conclusión: antes de 3 meses no puedes homologar y después de 3 meses ya no te vale. Confirmamos con el seguro del coche que en caso de accidente si conducía yo, ellos se desentendían porque mi licencia ya no era válida (Joaquín salió a Méjico unos días y había “reseteado” el contador). Me quedo bloqueada en casa. Aquí hace falta el coche hasta para ir al baño. Los niños ya han empezado el cole. Joaquín se pone la gorra de plato y se convierte en nuestro taxista.

En cuanto podemos, vamos a tráfico a la homologación de mi licencia. Llevas todos los papeles que pone en la página web excepto la “cédula de residente” porque aún no eres residente, pero tampoco ilegal, pero tampoco turista… Según la web abren a las 7AM. Según el cartel de la puerta, a las 8AM. Hasta las 8:30 no empiezan a atender a los de la fila de “homologaciones”. Paciencia y pura vida. Mucha paciencia. Al fin nos toca. Nos atienden muy amablemente para decirnos que sin cédula no hay homologación.
-Pero mire usted, ya llevo más de tres meses y no puedo conducir.
-No, no. Claro que no. Su licencia no es válida.
-Pero mire usted, los papeles ya están en trámite. Me han dicho que esto interrumpe los plazos. ¿Este plazo de la licencia no?
-No, no. Claro que no. Usted lleva más de tres meses en el país.
-¿Y qué puedo hacer?
-El examen es muy fácil, señora. En 20 días puede usted ponerse con ello y sacar la licencia costarricense.
-¿Quéeeee? ¡20 días! ¡y volver a sacarme el carnet! ¿y cómo sobrevivo aquí sin conducir 20 días?
-…… Señora…  Salga del país.
-¿?
-Vaya a Nicaragua. O a Panamá. Ponga el sello al pasaporte y su licencia española ya será válida por otros tres meses. Además, como ya estuvo 3 meses ininterrumpidos aquí, cuando tenga su cédula de residente, le cuenta esa antigüedad y le haremos la homologación.
-¿? ¿Me dice usted que me vaya del país? ¿así, sin más? ¿y que por poner el pie en Nicaragua ya no tengo que hacer el examen de conducir? ¿Y que si se retrasa la cédula, tengo que salir cada tres meses? 
-Sí.
- Pues muchas gracias.
- Con mucho gusto.

Nos vamos frustrados, con Joaquín con la gorra de plato y sabiendo que nuestra única opción es presionar en migración para conseguir la residencia. Vamos allí y, mientras esperamos, casi me dan ganas de pellizcar a Jorge para que llore un poquito y dar más pena. Necesito dejar de ser no-turista, no-residente, no-ilegal y, sobre todo, volver a conducir sin tener que empaquetar a toda la familia rumbo a Nicaragua o Panamá. Ufff. Me trago las ganas de coger un avión de vuelta a España y pasar unos días en Jaén, ponerme hasta las orejas de boquerones, churros, jamón y cañitas,… y volver en unos días a seguir disfrutando el “pura vida” como turista descuidado. Entre otras, me trago las ganas porque en Costa Rica hay un instituto de defensa del menor, llamado PANI, que impide a los niños salir del país sin autorización escrita y firmada por sus padres (aunque viajen con uno de ellos –no sé si con los dos–). Hemos intentado hacer la autorización en la oficina correspondiente y nos han dicho que sin cédula de residente no hay autorización. Prefiero no investigar más. Como confirme mi sospecha de que estoy “atrapada” porque no puedo sacar a los niños, creo que va a subirme la tensión (aún más). Y se supone que hay que estar en modo “pura vida” este año. Fuera estrés. Bendita ignorancia. No investigo. Espero la respuesta de migración mientras Joaquín sigue con el taxi llevando y recogiendo niños. Me pierdo la clase de tenis. No puedo conducir. Respira hondo. Pura vida.

Al cabo de unos días, migración reacciona al fin. Tenemos que ir todos (los 5) porque ya han resuelto los expedientes.

 

Una cola.

Otra.

Esperen aquí.

Pani

Mami, tengo hambre.

Voy a ese banco a dar el pecho a Jorge.

Otra espera.

Mami, me hago pis.

Pasen para las fotos.

No cabe el carrito del peque por el pasillo.

- Firme aquí. – Aún no leí el documento. – [Grrrr] Firme aquí y mire a la cámara.

Mami, no quiero fotos.

JoseMigracion

Esperen fuera a que los llamen.

Jorge necesita pañal limpio.

Niños, no corráis.

¡Nos han llamado! 1, 2, 3, 4… y 5 cédulas. ¡Somos residentes!

Ese mismo día resolvimos la autorización del PANI y, al día siguiente, la homologación de la licencia de conducir. Me caían las lágrimas cuando descubrí que, en mi lista de cosas pendientes para cuando vayamos a España, está renovar mi carnet de conducir español. No quiero pensar qué tendría que hacer si me caduca y tengo que homologar mi carnet tico a la vuelta…

Pura vida.

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