De compras

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Es curioso como me recuerdan muchas cosas aquí a nuestra estancia en USA. No sé si será porque en estos primeros días estamos aún poco integrados y hemos visto sólo lo importado, pero todo me parece muy muy yanqui.

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Por poner un ejemplo, los supermercados en los que he estado hasta ahora tienen la misma distribución y muchísimos productos de allí.

Entre otras similitudes, me llama mucho la atención que nadie lleva un paquete de 6 botellas de 1’5 litros de leche, de los que yo suelo echar dos o tres en mi carro en España. Aquí está mucho más hecho a la mujer que no trabaja y va cada día a la compra (es una hipótesis; no tengo datos sobre esto). Así, la leche está en la estantería lista para coger (o, mejor dicho, agarrar) un par de bricks de 1 litro. Si uno quisiera llevarse 12, dejaría desabastecido el estante. Eso sí, también igual que en USA, hay siete mil trabajadores pululando por el establecimiento y reponiendo. Nunca ve uno el hueco de lo que se llevó el comprador anterior.

También la actitud de servicio al cliente se respira en todas partes. Cada vez que me paro en un pasillo intentando adivinar dónde estará un producto (no se vale mirar de lejos porque todos los envases son de otra marca, distinta forma, color y tamaño), aparece alguien uniformado preguntando si puede ayudar y dispuesto a acompañarme al pasillo correcto, mostrarme varias marcas y preguntar si “se me ofrece” algo más antes de irse con una sonrisa.

Es evidente que en este ambiente un reponedor nunca le pide a un cliente que, por favor, se aparte para pasar él. Pueden esperar o rodear por otro pasillo, pero interrumpir a un comprador supongo que sería pecado mortal. Calculo que es para que uno no pierda la inspiración cuando está a punto de tomar (que no coger) algo, y no tengo dudas de que les dan una formación similar, porque las actitudes y protocolos son calcados.

En las cajas siempre hay dos personas: el que cobra y el que empaqueta. Normalmente son chavales los que empaquetan. Ayudan a poner las cosas en la cinta y luego las meten en bolsas de plástico o cajas de cartón. A continuación, ofrecen su ayuda para acompañarte al coche a meterlas en el maletero. Ayer pregunté a una de las cajeras (que no sabía si la tarjeta de crédito era la azul o la otra, flipada con el chip del DNI) si era costumbre darles propina a estos ayudantes. Me dijo que sólo cuando te acompañan al coche. Otro día me fijaré a ver si la gente da monedas o billetes, para saber si nos movemos en un orden de magnitud u otro en esas propinas. (Las monedas son de hasta 500 Colones, que son unos 75 céntimos.)

Es evidente que las diferencias con España se dan también en los productos en sí, añadiendo otro toque de emoción en la búsqueda por no saber si existe o no lo que uno busca. Por ejemplo, Joaquín y Manuel estuvieron 10 días tomando leche semidesnatada porque no encontraban leche entera. Curiosamente, no la hay donde la leche fresca, que parece más habitual que la otra. Me costó encontrarla entre las de tetrabrik porque estaba llena de vaquitas y dibujitos como de producto para niños. De hecho, las dos únicas marcas que he visto añaden el mensaje de que lo mejor para los niños es la leche materna. ¿Infiero que sólo les dan leche entera a los niños? Tampoco toman tomate frito, que haberlo haylo pero carísimo y con etiquetas en italiano y ya anunciado como salsa para la pasta. Lo hay con queso añadido, con carne, con orégano, pero del tetrabrik barato de Orlando, ni rastro. Ayer ya hice una buena reserva al chupchup con el (carísimo, 4.90 euros/litro) aceite de oliva de Córdoba que hemos encontrado con ayuda de la comunidad española. También me he tenido que lanzar a preparar yo misma la base de la pizza, cena habitual en casa, porque las pizzas del super salen por 6 ó 7 euros. En cualquier caso, tengo claro que tendremos que ir aprendiendo qué es lo que la gente come y cambiar algunos de nuestros hábitos. Como a mediodía sólo como yo en casa, iré haciendo los test culinarios (Jose y yo somos las más aventureras) e incorporaré en las cenas lo que vaya viendo más sencillo de aceptar por los menos aventureros.

Ahora me piro al super, que ayer comimos ayote (por cierto, me encantó) y voy a ver si hoy me animo a comprar unos pejibayes… ¡Ya preguntaré a nuestra única vecina costarricense qué hacer con ellos!

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One Response to De compras

  1. Viviana says:

    Las aventureras disfruten los sabores que el resto se unirá! Acá buce el tomate frito por su primo hermano costarricense pico de gallo (crudo). Suerte!

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