Mi vecino es rasta

Los vecinos de al lado son de chocolate con leche. Ella, una canadiense rubia del color de la leche entera; él, negro africano con rastas; la hija, una morenita de un color divino que parece que hubiera ido eligiendo los genes uno por uno para llevarse lo mejor de cada raza.

El otro día, por primera vez estuvimos un buen rato charlando con él, que nunca antes había establecido más contacto que el hola y adios de rigor. Es muy difícil entenderle cuando habla en inglés porque tiene acento, palabras y expresiones propias de la zona del Caribe, donde sobre todo se habla inglés. De hecho, su mujer lleva como 25 años en Costa Rica y no se termina de soltar en español. Él es claramente el outlier (o punto singular) de una urbanización sin costarricenses, y menos aún costarricenses negros, y menos muy muy negros, y menos aún de 1’85 de altura y unos 100 kilos.

El otro día nos contó que los negros eran la mayoría de la población de Costa Rica hace pocos años aunque ahora son sólo un 3%. Parece ser que muchos se fueron y muchos extranjeros (blancos) vinieron. Hasta 1949, había leyes que evitaban que se movieran libremente por el país o vivieran fuera de la zona del Caribe. Nos enseñó algún documento de cómo, en 1915, los negros habían pasado a ser propietarios legales de los terrenos que ocupaban sus casas en las playas caribeñas. Con los cambios de gobiernos y de leyes, esas tierras se convirtieron en Parque Nacional y los negros comenzaron a emigrar porque, entre otras, les prohibían todo lo que sabían hacer. Nos contó que a los 12 años -igual que sus 14 hermanos- él vivía ya en su propia casa. Era la vida en selva: cazar, pescar, comer, sobrevivir y aprender remedios con hierbas para curar un corte, una luxación o una picadura de serpiente. Al convertir esos territorios en Parque Nacional, aplican leyes específicas tontas como que no se puede fumar o importantes como que no pueden extraer recursos naturales. Entre la protección de especies selváticas y marinas, la protección de la naturaleza del parque y la protección de los terrenos, me dio la sensación de que se les había olvidado a todos la protección de los humanos que vivían allí. He leído que Limón (en la costa caribeña) tiene sistemáticamente la mayor tasa de absentismo en las elecciones. Y que los candidatos ni siquiera mencionan cómo protegerán a esas minorías.

Curioso tipo, mi vecino. Por mi parte, miro el paralelismo con nuestro país y me pregunto si esa es la historia… o una parte de la historia. La de mi vecino.

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