Los niños abandonados

Imagina que vives en un país de grandes diferencias sociales como, por ejemplo, Costa Rica. Imagina que eres una mujer y que el salario de tu marido es… absurdamente alto. Imagina que tener ayuda en casa es… absurdamente barato. Tienes una interna y una cocinera (que también se ocupa de la plancha). Imagina ahora que no trabajas y que ocupas los días en ir al gimnasio, a la pelu, quedar con una amiga a comer… ¿Me sigues? ¿Te imaginas?

Ahora, imagina que tienes 2 ó 3 niños menores de 10 años. Por supuesto, van al mejor cole (dicho a tu modo, al más caro). Por supuesto, tienen juguetes para exportar, tabletas, wiis, y todo lo que cualquier niño podría desear.

Por las mañanas has contratado el servicio de autobús del cole porque no compensa meterse en el atasco. La interna se levanta bien temprano y les prepara los desayunos y los almuerzos. Se ocupa de que se pongan los uniformes y les lava la cara. “Adios, chicos”, dices a las 7:15 mientras empiezas a saborear el café que la cocinera preparó y ya impregnaba de aroma toda la casa mientras te arreglabas.

Miras tu agenda y, tranquilamente, guasapeas con algunas amigas. Sales al banco y a comprar cuatro cosillas en un supermercado que es algo más caro, pero tiene dos chicos en cada caja para que te lleven las bolsas al coche. Recoges unos pendientes que llevaste a arreglar y vas para el Starbucks, donde has quedado con una vieja amiga para charlar un rato. Comentas lo bien que estuvo el coctail de recogida de fondos que organizó fulanita para la asociación con la que colaboras. Donas juguetes, das un cheque de vez en cuando, les das ropa para las madres sin recursos… Pobres chiquillos abandonados, comentas. Una imagen del dormitorio del pequeño se te viene a la cabeza: todos sus juguetes, su tele y la PSP, su cama bien mullida, un escritorio para cuando empiece a tener que estudiar. Sacudes la cabeza pensando en esos chiquillos que viven en casas de paredes de uralita y suelo de tierra, cuidados por sus hermanos mayores porque la madre trabaja más horas que un reloj limpiando casas.

Llegas a casa algo más tarde de lo previsto porque has pasado por el centro comercial al volver. Definitivamente, necesitas unos zapatos que vayan bien con el bolso que te regalaron por tu santo, pero no hay manera. Mil tiendas has mirado y no ha habido suerte. Estás muerta de tanto andar.

Mientras tanto, los niños volvieron en el autobús. La interna les dio la merienda y se los ha llevado al parque. Te echas un rato para descansar y recuerdas, con pesar, que no le has dicho a la cocinera qué se hará de cena hoy. Haces un esfuerzo y vuelves a levantarte del sofá para decírselo. Qué pereza da tener que pensar cada día qué se va a comer. Ahora sí que te duermes media horita.

Te despiertas y ordenas las compras que trajiste. Al guardar los pendientes, recuerdas que tu marido te pidió que cambiaras la pila de ese reloj. Lo apuntas para hacerlo mañana. Piensas que, si lo llevas a tal sitio, mientras cambian la pila puedes seguir buscando esos malditos zapatos. Todos los días hay alguna cosa pendiente. Qué fastidio.

Los niños han vuelto del parque. Les das un beso y les dices que vayan a hacer los deberes. Te sientas diez minutos con cada uno casi con el reloj en mano: Si pasas más tiempo con uno que con otro, acaban saliendo los celos y montan una escena. La interna los ayuda a bañarse y ponerse los pijamas cuando acaban mientras tú hablas con la cocinera sobre lo que hay que comprar mañana.

Pronto llegará tu marido a casa. Los niños cenan en la cocina mientras organizas algunas facturas en las carpetas. Les metes un poco de prisa a ver si cuando llegue el padre están ya dormidos y puedes charlar tranquilamente con él. Es tan difícil cuidar una relación de pareja cuando hay niños y él trabaja tanto, que intentas reservar momentos para estar a solas.

Justo antes de dormirte, vuelve a tu cabeza la asociación. “Debería sacar algo de ropa pequeña de los armarios de los chicos para dársela a los niños abandonados”, piensas. En el cuarto de al lado, tus hijos duermen ya.

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One Response to Los niños abandonados

  1. whiskito says:

    “First world problems”

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