Profe, ¿usted hace brujería? (Y otras preguntas difíciles)

Al entrar en la sala comunal donde hacemos el taller oigo “¡mentira!”. Al rato, me dice que tiene 11 años y se repite por un compañero el mismo “¡mentira!”. Me dicen que tiene 14. Ella sonríe orgullosa. Es la mayor del grupo hoy. Me dice que luego se irá pronto porque la espera su esposo. Para mis adentros, oigo el “mentira” que ya ha sonado dos veces, pero luego me confirma la psicólogo que tiene “una vara con un mae” (en castellano de Castilla, “un lío con un tío”). Me aclara que el “mae” tiene 42 años. Vamos un pederasta hijoeputa. Qué pena que justo esto no sea mentira.

Coge un libro de esos de colorear y apenas presta atención al atlas con el que aprovecho mi lejana procedencia: Miramos la escala, aprendemos a medir con la regla, e intentamos saber cuántos kilómetros nos separan de mi casa, donde todos hablan parecido a las series que les gusta ver en la tele. Un centímetro son 1.000 km en este mapa. Y dos centímetros, ¿cuánto son?. Tras una pausa, suena un fuerte “¡Doscientos!”. Ok, pienso. Sigamos bajando y bajando, que las lagunas de estos chicos tienen la misma profundidad que el mismísimo océano. Ella presta atención a medias mientras sigue coloreando un dibujo infantil. Igual le traigo unos mandalas el próximo día.

De repente, pregunta: -Profe, ¿usted hace brujería?-. Sin querer interrumpir nuestra nueva misión (calcular cuánto mide Costa Rica de norte a sur), murmuro que no creo en la brujería. Cambia de tercio: -Profe, ¿y tampoco cree en Dios?- [Glups…] -Hmmm…No mucho.-, respondo. Ahora cinco caras sorprendidas me miran. No dan crédito. Y yo pienso cómo salir rapidito del tema cuando uno de ellos, sin respirar apenas entre frase y frase me espeta: -Y quién hizo el mundo, ¿eh? Y los pájaros y las plantas y la tierra, ¿eh? Y al hombre, ¿qué? ¿quien dice usted que hizo al hombre?-. Ahí ya tengo que entrar. Una cosa es hablar de creer en Dios o en brujerías. Otra, es negar la evolución. Y respondo: -Bueno, yo creo que los hizo la evolución. Si quieren, admito que lo del bigbang suena raro, pero los peces vienen de las amebas y los hombres, de los monos.- No dejé que siguiera la discusión más allá hasta entender en qué profundidades me estaba metiendo y saber cómo se gestiona este tema en los coles en un país que no es laico.

Un pequeño sondeo de mi entorno me descubre que la postura habitual de niños y mayores es que hay dos teorías: el creacionismo y la evolución, siendo la segunda la menos apoyada desde los colegios y absolutamente minoritaria. En una de estas charlas, conseguí un “de acuerdo para los peces y eso, pero ¿el hombre? ¡ni hablar! ¡el hombre no puede venir del mono!”. Ahora me pregunto qué habrán pensado todos los creacionistas cada vez que he hablado de crianza (cuando tienes un bebé es un tema recurrente), y yo he dicho que yo confío en nuestra parte animal del animal-racional. Y que, como mamífero, creo que es normal que un cachorro quiera estar en brazos de su madre, tomar teta y dormir mejor si su madre está cerca. También he hablado alguna vez en el parque de que no es normal la altísima tasa de cesáreas (Costa Rica, 20%; Méjico, 40%) ni de lactancias artificiales recomendadas por el pediatra. Y que nos habríamos extinguido si todas ellas fueran ciertas. “¿Extinguirnos? ¿mamíferos? ¿qué dice ésta incompleta mujer salida de la costilla de Adán?”, debe haber pensado más de uno.

Aún no me he recuperado del susto.

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