Mami, me aburro

016-aisladoVarios me habeis preguntado ya por el motivo de mi largo silencio. Menos activa en twitter, alguna fotillo en facebook, poco guasap y cero blog.

La primera excusa se llama “vacaciones escolares”. El curso lectivo aquí es de Febrero a Noviembre, así que desde el 28 de Noviembre me he encontrado con tres chiquillos en casa, cada uno con su ritmo y sus aficiones y una difícil lucha: “me da igual lo que hagan los demás”.

Uno de los primeros días de vacaciones, Manuel tuvo un partido de fútbol. Una de las madres comentaba que ahora en vacaciones sus hijos no querían hacer otra cosa más que dormir y ver la tele. Me llamó poderosamente la atención que no lo comentase como “mis hijos tienen un problema” o “no veas que lucha en casa”, sino como un hecho. Eso es lo que quieren y eso es lo que hacen. Asumido y aceptado. Conforme fueron pasando los días, vi que no eran solo esos niños ni solo esa madre.

Los dos meses de vacaciones en la temporada seca, con sol radiante desde las 5:30 AM hasta las 5:30 PM, con temperaturas de los 20 a los 28 grados, los niños están durmiendo hasta las 11 y luego en casa en la tele o con las tabletas hasta la hora de acostarse. Del sofá a la cama y vuelta a empezar. Mi urbanización tiene 44 casas y uno o dos niños por casa. Es una calle privada, por la que sólo pasan los coches de los vecinos y hay resaltes para reducir la velocidad. Resumiendo: mis hijos de 3 y 7 años tienen libertad para ir y venir con las bicis, los patines, jugar al escondite o subir a los árboles. En la urbanización hay dos parques con columpios, incluyendo uno con una cama elástica grandota chulísima. Además, disponemos de una piscina con una zona para niños y otra para mayores y, atención al detalle, con calefacción. La temperatura del agua es tan agradable que hasta el bebé se baña en la piscina pequeña hasta que se le arrugan los piececillos.

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Todo esto no lo cuento para dar envidia, sino para que os hagais a la idea del lujo de sitio que es esto para los niños. Las condiciones ideales y un único problema: no hay con quien jugar. El pobre Manuel, que es hipersocial, pasó las primeras semanas pidiendo “¿puedo ir a por fulanito/menganito/cetanito?” y yo a todos que sí, que fuera. La cosa es que ni fulanito, ni menganito, ni cetanito quería salir a jugar al balón, ni bajar a la piscina, ni ir a los parques o jugar a detectives. Todos daban la bienvenida a Manuel para que pasara a su casa a ver tele con ellos. O jugar a la PSP, o a la tableta o a la pantalla correspondiente. Eso cuando se habían levantado, claro, que tardé en entender que los niños “pierden” las primeras 5 horas de luz del día.

Me resistí durante un tiempo, pero tuve finalmente que ponerme la nariz de payaso, sacarme el carnet de “animador sociocultural” y encargarme de que mis hijos fueran al parque un rato, se bañaran, salieran con las bicis o jugaran al escondite. “Si no tienes con quien, yo te acompaño”. Constantemente inventando juegos y supervisando para que no me desaparecieran. Cada vez que hacía demasiado que no veía a uno de los dos, ya sabía dónde andaba: en casa de algún amigo. ¡Quieren jugar! ¡Quieren estar con los otros niños! Pero a la pregunta de “¿sales con la bici?”, o “¿jugamos al fútbol?”, o “¿vamos al parque?”, la respuesta era siempre: “pasa, pasa, fulanito está ahí viendo la tele/PSP/tableta”. La piscina tiene como únicos usuarios a nosotros, una vecina venezolana con su bebé de 6 meses, y una guatemalteca con su hijo de 18 meses (añado que, para desgracia de ambos, el mejor amigo de Manuel, que es mucho más activo que la media, se rompió el brazo justo al principio de las vacaciones). En los parques, más o menos los mismos niños. A ratos, algunos de los mayorcitos salen, usan 5 minutos las bicis como para hacer grupo y se van al porche de alguno de ellos. Ahí llegan todos con sus bicis, las aparcan en el porche y se sientan con las tabletas. Minecraft a saco. Durante horas. Durante horas y horas. Cinco o seis niños sentados cada cual con una tableta/teléfono.

A los que piensen que voy en modo talibán de las pantallas, les diré que todos los días de vacaciones han tenido permiso (y ellos lo sabían) para usar las tabletas desde que el sol se pone. A la que se hacía de noche, entraban y se ponían con el ordenador o la tableta o el iPod a ver vídeos, jugar o lo que quisieran. Barra libre de pantalla. Pero no antes de haber hecho lo que nosotros creemos que un niño tiene que hacer: correr, saltar, nadar, jugar, cansarse, reir, aburrirse, inventar, caerse, levantarse y seguir corriendo.

Manuel es el que más busca compañía y el que más tendencia tiene a quedarse pillado delante de cualquier pantalla. He tenido que oír unas mil veces al día “me aburro”. He tenido que sacarlo unas mil veces de casa de quien fuera cuando ya veía que hacía un par de horas que fue a buscarlo y nunca salieron. Ayer, la abuelita de uno de los chavalines me decía: “Pero vecina, ¿por qué no le deja venir a Manuel a casa? Él dice que es que usted no le deja tanto tiempo viendo tele.” Yo le contesté que yo lo dejo ir a buscar a su nieto siempre que Manuel lo pide, pero que sólo se puede quedar si van a jugar juntos, no a ver la tele a las 10 de la mañana. La señora me contestó que Manuel ya se lo había dicho, y que el padre del chaval está totalmente de acuerdo conmigo y que dijo “qué razón tiene esa madre”. Con razón o sin razón, mis hijos no han pasado dos meses de la cama al sofá.

El día en que Manuel dejó de lloriquear por esta lucha llegó a principios de enero. El entrenador de fútbol decidió hacer una sesión de entrenamiento físico. Carrera (8 minutos), series de saltos (30 a 60 segundos sin parar), sprints, etc. Tan delgaducho que se ve, el único que no tuvo que parar a coger resuello en la carrera fue él. En el último minuto incluso apretó el ritmo. Y cada vuelta al campo, levantaba el pulgar al pasar junto a mi. Orgulloso. Acabó el entrenamiento destrozado, cansado, hambriento, sediento, sucio… y feliz. En el camino de vuelta a casa fuimos hablando de los motivos por los que lo había hecho tan bien ese día y acabó dándome las gracias por mi lucha para que se mantenga activo. No es que desde ese día no haya intentado hacer lo que el resto, sino que cuando lo rescato de una de sus escapadas para una inmersión televisiva y me lo llevo a la piscina, se pone el bañador sin rechistar. ¡Tampoco vamos a pedir peras al olmo!

Por su parte, Jose se deja entretener mucho mejor porque todavía para ella estar con mamá mola más que cualquier tele. No hay más que ver la salud que tiene, lo fuerte que se está poniendo, la agilidad con la que ya casi monta en bici sin ruedines, bucea y se tira (según ella) de cabeza a la piscina, da volteretas en la cama elástica…
016-imbio Que sí, que estoy luchando contra una tendencia, una sociedad y casi un modo de vida. Pero es que no me da la gana de que mis hijos se pierdan esta oportunidad de disfrutar el paraiso. Y si me tengo que poner la nariz de payaso e inventar juegos, dejar el correo pendiente porque hay que salir con las bicis, no mirar twitter porque hay que bajar a la piscina, o contestar apresuradamente a lo extremadamente-urgente (a lo urgente no llego) porque subimos al parque, pues ese es el precio de ir a contracorriente.

Por primera vez desde que Manuel empezó a ir al cole hace cuatro años, ayer celebré que era el primer día de clase. Al fin me quito la nariz de payaso durante unas horas cada día y prometo ponerme con todo lo que he dejado pendiente. Iré una por vez. Según Jorge (que ahora mismo está dormidito en mis brazos) me deje. Tened paciencia, porfa.

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La abuelita de la urbanización

Tengo una vecina de unos setenta y tantos que me recuerda mucho a mi abuela la de Granada. Controla todo lo que pasa en la urbanización. “Es que yo soy muy metida y a algunos no les gusta”, dice ella con mucha gracia. Es una mujer muy muy lista y muy viva. Es costarricense aunque vivió muchos años en Nicaragua.

Ella sabe quién es quién, cómo resolver cualquier asunto, con quién hablar… Orgullosa cuenta que su hijo le compró la casa y el carro (el coche). Conduce un Toyota RAV4 y lo mismo va al Pricesmart (tipo Macro) a comprar que se ofrece a llevarte a la feria de agricultores al otro extremo de la ciudad. Va y viene todo el día haciendo cosas. Ayer, entre risas, nos decía que si viéramos una radiografía suya, no nos podríamos creer que pueda ni siquiera andar.

Y es que ayer nos invitó a unos cuantos de los vecinos a tomar un cafesito por la tarde. Había preparado sandwiches, minipizzas (“que ya sé yo que la chiquillada no entiende más que esto”), y un pastel. El árbol de navidad en su casa llega hasta el techo y no tiene una ramita libre, igual de atestado que la casa. Bolas, estrellas, campanitas y papanoeles iluminados. La mesa con la comida, también super decorada. Cuando le pregunté de qué eran los sandwiches, me contó, sin darse ningún pisto, que sus padres eran embajadores de Nicaragua en Alemania en los años 20, y que había aprendido muchas cosas de estas entonces y también con su exmarido, “que era muy fiestero”. En su época casada con aquel empresario nicaragüense tan fiestero, ella -que afirma que es más bien de estar en su casa- tenía una costurera de fijo, porque “con tanta fiesta que me organizaba ese hombre, no tenía nunca vestidos suficientes”. También tenía una cocinera que improvisaba con ella los menús cuando el fiestero la llamaba anunciando “traigo a 6 amigos a cenar”. En la casa había dos choferes (pronunciado choféres) y algunas limpiadoras. Tuvo 4 hijos en 6 años y un buen día, por algún motivo que aún no he indagado, se volvió a Costa Rica casi con lo puesto.

El otro día me contó cómo, al salir de Nicaragua hace ¿40? años, había tenido que montar una escena que me pareció de película para traerse a sus 4 niños, a una de las limpiadoras y las cosas de valor que le cabían en un coche pequeño con aquel gentío: Debajo de la fresquera iba la vajilla y algunos cuadros, y todas las bolsas iban repletas de cosas que, en la frontera, estaba segura de que iban a registrarle… ¡y confiscar!. Así, avisó a sus niños: “Chicos: Metí un jugo de esos rojos que tanto les gustan. Sólo uno. No más lleguemos a la frontera, quiero que se peleen por él.” Dicho y hecho. Cuando el policía saludó, aquellos 4 chiquillos comenzaron una acalorada discusión por el jugo. La muchacha intentaba sin éxito acallar el escándalo atrás. Al ver el lío que aquella “pobre” mujer llevaba en el carro, el policía no pudo más que mirarla con compasión y decirle “siga, siga”. Creo que los cubiertos de ayer eran de esa vajilla.

Hoy he visto un grupo de unos 10 chavales que no tenía fichados por la urbanización. A la media hora, he visto a mi vecina llegar en su Rav4 con una pila de pizzas, fantas y vasos de plástico. Mientras charlaba conmigo, marcaba en su móvil el número de su nieto. “Venga para acá y tráigase a dos de los mayorcitos para ayudar. Se llevan las pizzas al rancho de la piscina y se las comen allá”; “No quiero que me ensucien el porche, me susurra”; “Dense prisa, que se les enfrían”. Casi antes de colgar, ya le decía a la chica “No les mande todos los vasos, que los desperdician. Póngales 10 bien contados.” Inmediatamente, se ha girado hacia mi, y ha seguido la conversación que teníamos a medias por la misma frase donde la interrumpió.

Me encanta esta señora tan acostumbrada a mandar, tan divertida y que tanto ha vivido.

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Mi vecino es rasta

Los vecinos de al lado son de chocolate con leche. Ella, una canadiense rubia del color de la leche entera; él, negro africano con rastas; la hija, una morenita de un color divino que parece que hubiera ido eligiendo los genes uno por uno para llevarse lo mejor de cada raza.

El otro día, por primera vez estuvimos un buen rato charlando con él, que nunca antes había establecido más contacto que el hola y adios de rigor. Es muy difícil entenderle cuando habla en inglés porque tiene acento, palabras y expresiones propias de la zona del Caribe, donde sobre todo se habla inglés. De hecho, su mujer lleva como 25 años en Costa Rica y no se termina de soltar en español. Él es claramente el outlier (o punto singular) de una urbanización sin costarricenses, y menos aún costarricenses negros, y menos muy muy negros, y menos aún de 1’85 de altura y unos 100 kilos.

El otro día nos contó que los negros eran la mayoría de la población de Costa Rica hace pocos años aunque ahora son sólo un 3%. Parece ser que muchos se fueron y muchos extranjeros (blancos) vinieron. Hasta 1949, había leyes que evitaban que se movieran libremente por el país o vivieran fuera de la zona del Caribe. Nos enseñó algún documento de cómo, en 1915, los negros habían pasado a ser propietarios legales de los terrenos que ocupaban sus casas en las playas caribeñas. Con los cambios de gobiernos y de leyes, esas tierras se convirtieron en Parque Nacional y los negros comenzaron a emigrar porque, entre otras, les prohibían todo lo que sabían hacer. Nos contó que a los 12 años -igual que sus 14 hermanos- él vivía ya en su propia casa. Era la vida en selva: cazar, pescar, comer, sobrevivir y aprender remedios con hierbas para curar un corte, una luxación o una picadura de serpiente. Al convertir esos territorios en Parque Nacional, aplican leyes específicas tontas como que no se puede fumar o importantes como que no pueden extraer recursos naturales. Entre la protección de especies selváticas y marinas, la protección de la naturaleza del parque y la protección de los terrenos, me dio la sensación de que se les había olvidado a todos la protección de los humanos que vivían allí. He leído que Limón (en la costa caribeña) tiene sistemáticamente la mayor tasa de absentismo en las elecciones. Y que los candidatos ni siquiera mencionan cómo protegerán a esas minorías.

Curioso tipo, mi vecino. Por mi parte, miro el paralelismo con nuestro país y me pregunto si esa es la historia… o una parte de la historia. La de mi vecino.

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La feria de Pavas

2013-11-30 10.22.06 Una de las cosas que me estresa desde que llegué es tener que ir a comprar casi cada día. Por una parte, la nevera y el congelador que tenemos no son muy grandes. Por otra, no existe un Mercadona o un Carrefour donde uno compre desde el papel higiénico hasta la carne a un precio razonable. Vale que en España hay cierta diferencia de precios entre un sitio y otro pero, en la cesta de la compra, tampoco es una cosa tremenda. El Ministerio de Economía de aquí publicó en 2013 un estudio sobre este tema que os enlazo AQUI por si teneis curiosidad. El comunicado de prensa comienza así:

Mayoría de comercios cumple con regulaciones a favor del consumidor

– A un año de la obligatoriedad del decreto 36749-MEIC, el 95% de los supermercados indican el precio por unidad de medida.

– Se encontraron diferencias de hasta un 132% en un mismo producto y hasta un 500% en productos similares.

– Variaciones de hasta ¢33 mil en el costo de la canasta en diferentes establecimientos.

Respecto a la primera conclusión del comunicado, es cierto que en prácticamente todos los sitios en que he estado aparece en la etiqueta el precio por gramo o por unidad. Curiosamente, como en USA, muchas frutas las venden por unidad y etiquetan cuánto vale una manzana o una rama de brócoli, no el kilo de manzanas. También se da el caso contrario: decir el precio del kilo en algo que no estamos acostumbrados, como los huevos. En un kilo de huevos te pueden salir desde esos XXL con dos yemas hasta los chiquititos que en España seguramente no alcanzarían la categoría M. Cuando cenamos tortilla, tengo que preguntar cuánta hambre tiene cada cual ¡para escogerle el huevo!

La segunda y la tercera conclusiones son las que me matan: En la cesta de la compra la diferencia puede ser de hasta 50 Euros (considerando una cesta promedio de una familia de 3.5 miembros) y productos similares pueden costar hasta 5 veces más. Impensable en España y desesperante como consumidor.

Mis vecinos y conocidos tienen toda una lista de recomendaciones cada vez que pregunto si saben dónde se vende tal o cual cosa. “Ah, sí, leche entera puedes encontrar en el MásxMenos, pero no siempre tienen”. “En el PriceSmart sí tienen zumo sin azúcar añadido, pero olvídate de la carne de res. Es dura.” Entre las restricciones de lo que hay y no hay en cada sitio y las diferencias en los precios que, como dice el estudio, pueden llegar hasta un 132% en el *mismo* producto, todo el mundo hace varias compras: el aceite de Pequeño Mundo, los zumos de tal y la carne de cual. Para mi, que odio comprar, una tortura.

En lo que todo el mundo ha coincidido desde el principio, y ya he empezado a hacer yo también, es que la fruta y verdura hay que comprarla en “las ferias”.

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Los sábados bajan los agricultores a San José y hay feria en casi cada barrio: Mangos, piñas, papayas, carambola, guanabas, lulas, mamón chino… mil frutas apetitosas y algunas verduras (sí, también echo de menos nuestra huerta) en puestecillos que se suceden en toda una calle o plaza. Si un kilo de tomates normalitos en el super puede valer entre 1.500 y 2.000 colones, en la feria hablamos de 300 o 500 colones por tomates rojos, sabrosos y jugosos como hace años que no comía.

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Ayer fuimos con los niños a la feria de Pavas y el propio Manuel, con 7 años, exclamaba al pasar por los puestos “¡mamá! ¡mira! ¡25 naranjas por 1000 colones! ¡las piñas, tres por 1000 colones!”. Desde que le financiamos los 17.000 colones de las zapatillas de tacos para fútbol que compró en un outlet y que paga religiosamente limpiando el coche a 2.000 colones por lavado, se ha hecho muy consciente del precio de las cosas 🙂

Además de eso, una de las cosas interesantes de la feria para ir con niños es ver a niños trabajar. Un buen bocado de realidad para un españolito que vive en una zona buena y va a un cole privado. Las ferias comienzan a eso de las 6 de la mañana, con lo que entendió que esos niños de los puestos se habían levantado a quién sabe qué hora para cargar las furgonetas, montar los puestos y estar allí aún a las 11 de la mañana despachando fruta y ayudando a sus padres. Además, nos encontramos con un amigo español que se sorprendió al vernos con las bolsas de lo que andábamos comprando. “¿Pero dónde vais con tanta bolsa? ¡Os presento a mi socio!” El socio, un chaval morenito de unos 12 años empujaba un carrito de supermercado donde nuestro amigo iba poniendo su compra. El carrito se alquila al principio de la calle, por 700 colones (algo más de 1 Euro) y el pago al chaval por acompañar a hacer la compra y llevar las bolsas al coche al acabar, 1000 colones (1.50 Euros). “Socio -le dijo-, al acabar conmigo, te vas a buscar a estos compatriotas. No me hagas tonterías, que ellos me lo cuentan luego y el sábado que viene, te doy p’al pelo. Los del carrito rojo. Te lo dejo pagado, ¿eh?. No te me despistes y no tardes.” El socio sonrió y, al rato apareció a nuestro lado dispuesto a cargar en el carrito las bolsas que ya teníamos. Yo me movía de puesto en puesto y, conforme el vendedor me daba el trozo de sandía, él me la quitaba de las manos y la metía en el carro. Manuel lo miraba de cuando en cuando y creo que calculaba lo fáciles que le salían a él sus 2000 colones por lavado de coche comparados con los 1000 de este chaval. Yo, me debatía incómoda por la falta de costumbre de tanta asistencia y solicitud, por tener a un niño trabajando por 1000 colones, y con ganas de darle otros 1000 para que dejara de acompañarme. Me aguanté las ganas, volví a luchar con la europea que llevo dentro y decidí que donde fueres haz lo que vieres. Nos despedimos después de cargar el coche con el tradicional “pura vida” y, mi europea recuerda su cara para buscarlo el próximo sábado cuando vayamos a la feria.

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Las estaciones

2013-11-25 14.09.20

Ya viene el verano, anuncian todos. Los niños están en su última semana de clases antes de las vacaciones y la gente pregunta si iremos a algún sitio este verano.

Las lluvias torrenciales que cada día caían a las 14h (con una puntualidad germánica que casi servía para poner el reloj en hora), han terminado. Alguna tarde no ha llovido nada. Otras, caen sólo tres gotas que, si te pillan en la piscina, ni te sales porque la temperatura no varía. Seguimos -salvo algún momento puntual- por encima de los 20 grados. Han entrado los vientos alíseos que dicen todos que durarán hasta mitad de Diciembre y que hacen que algunos niños lleven chaqueta al cole. La otra noche, Manuel se partía contándonos que un niño de su clase iba con bufanda. Nosotros seguimos en pantalones cortos y camiseta para horror de las vecinas, que me llevan vaticinando desde que llegamos que el bebé se va a resfriar porque con este frío…

Puede que alguno esté ya pensando si se me ha ido la pinza, o si nos hemos mudado de Costa Rica porque lo que ha entrado en el hemisferio norte es el invierno. ¿Qué hago entonces hablando del verano? Pues parece ser que “científicamente” estamos en invierno por ser hemisferio norte, pero la gente de la calle identifica la temporada seca con el verano y, sin más, le llaman a esto verano.

La cosa no tendría más importancia si no fuera porque el último tema de Ciencias en el cole ha sido el sistema solar: Los movimientos de rotación y traslación, las fases de la luna, las estaciones… Eso es, las estaciones. Aquí. Al ladito del ecuador y con la gente anunciando que llega el verano. Y como lo de que el eje de la tierra está inclinado y eso provoca las estaciones no es evidente, hemos tenido que trabajar el concepto con globos, vídeos de youtube y mucha memoria. Pero no hablo de memoria de repetir la frase, no. Hablo de memoria de la de “¿te acuerdas de que en España los días se hacían más largos en verano? ¿que podías jugar en la calle hasta tarde y no se hacía de noche? ¿y que en invierno se hacía de noche muy temprano?”. El globo que giraba frente a una lámpara en mi casa tenía una X marcada en España. Con esta X, Manuel veía según yo inclinaba el globo si el día duraba más o menos, si se calentaba más o menos al rotar y podía evocar el frío del invierno y los largos días de verano. Me ha quedado el mosqueo de saber cómo demonios les explican a los niños aquí lo de las estaciones, porque la segunda, que está en infantil, no pasa el día coloreando bufandas y guantes, sino haciendo manualidades. (Creo que los animales que trae comienzan por la letra correspondiente a la que se está trabajando esa semana porque ya ha traido un “R-hinoceros”, una “S-pider”, y un “T-iger”). A los que recordéis la etapa de infantil en España, un porcentaje altísimo de esos tres años, se lo pasan pegando hojas secas, pintando castañas, asociando la ropa con la estación y celebrando que la primavera trae flores. Curiosamente, tras 7 años viviendo en lugares con estaciones bien diferenciadas y 3 años de infantil insistiendo en el tema de las estaciones, Manuel tuvo dificultades el otro día para decir la secuencia que sonó algo así como “Invierno,… ¿primavera?, verano…. y… hmmm… ¿otoño?”.

2013-11-25 14.21.02

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¿Me rhegala una gcalleta?

No me acostumbro a la manera tan curiosa que tienen los ticos de pronunciar la “r”. Es una mezcla entre la “r” que pronunciaría un inglés que está aprendiendo el idioma, y la que pronunciaría yo si todas las erres fueran precededidas de una “b”. También la letra “g”, cuando suena como en “ga, gue, gui, go, gu”, tiene su propia pronunciación, aunque esto no se me había hecho tan evidente hasta que mi hija de 3 años empezó a hacerlo. Viene a ser una “gc” o “cg” y se origina más atrás en la gcargcanta que nuestra g. Si añadimos el seseo (cambian todas las “c/z” por eses) y la débil pronunciación de la “j”, me paso el día diciendo “¿perdón? ¿qué me dijo?”. Con lo que me gusta a mi escuchar las conversaciones ajenas (con disimulo, ¿eh? nada descarado ;), aquí estoy la mar de aburrida porque no pillo de la misa la media.

Hay que tener también en cuenta que muchas palabras son diferentes (1) o se usan de manera diferente (2).

El primer caso, cuando usan una palabra que yo no conocía antes para nombrar algo, es el fácil. Ahí sólo tiene uno que ir ampliando vocabulario y, en muchos casos, recurrir al inglés, del que toman las palabras prestadas sin muchos miramientos. Ejemplos varios en tico-castellano (y me refiero al castellano de Castilla, claro):

  • Elote -> maíz
  • parquear -> aparcar
  • rentar -> alquilar
  • queque-> pastel
  • chinear -> mimar
  • tío (como en “jo, tío”) -> mae (como en “hala, mae”)

El segundo caso es algo más complejo, puesto que la palabra que uno oye sí tiene sentido en castellano (de Castilla), pero el sentido ha cambiado y, o la frase no se entiende, o se entiende mal.

  • Regalar -> prestar/dar. Ejemplos: “¿Me regala su bolígrafo?” sólo quiere decir que se lo prestes, no que el otro se lo vaya a quedar para él para siempre. También, en la carnicería se diría “¿Me regala 1/2 kg de molida de res?” para pedir carne picada de ternera que luego uno paga religiosamente y sin regalo alguno.
  • Jalar -> tirar. Cualquier puerta puede tener un letrero indicando “Jale” (también escrito como “Hale”)
  • Pararse -> ponerse de pie. Cada vez que en el parque alguien indica a uno de mis niños que se pare, ellos se quedan quietos como estatuas. Quien esperaba que ellos se pusieran en pie, sin saber el motivo de que no cumplan la orden, repite un par de veces y acaba haciendo el gesto.
  • Como ya tuiteé hace un tiempo, goma -> pegamento y borrador -> goma. Al cabo de un par de semanas de llegar al cole, el mayor me contaba que sus compañeros se hacían un lío cada vez que pedía la goma porque ya no sabían si pedía el pegamento o si el borrador porque se había vuelto a confundir.

Un taller cerca de casa tiene en letras bien grandes “Chineamos su carro”. No entendí qué era hasta que una me pidió: “¿Me rhegala a su Horhe para que lo chinee un momentico?”. Nótese que “momentico” acaba en “-tico”. Dicen que es por el exceso de terminaciones -tico que se llaman “Ticos” a los costarricenses. Nótese también que no le rhegalé al niño, y que me lo devolvió luego. También es curioso que no lo “cogió en brazos”, porque “coger” significa “joder” -para agobio de todos los españoles, que no paramos de meter la pata-, sino que lo “cahrgó un rha-tico”. Y nótese por último que dos de mis hijos han perdido sus nombres, pasando a ser “Hose” y “Horhe”. Para los de Jaén, que nos rasca la garganta pronunciar las jotas, complicado de imitar.

Dejadme que añada un tercer factor al “perdone, me lo puede repetir”: la mezcla latina. En Costa Rica hay aproximadamente un 9% de inmigrantes, de los cuales el 75% son nicaragüenses. En nuestra zona, el porcentaje de inmigrantes sube al 18% con un 50% de nicaragüenses, seguidos de Colombia, Venezuela y Perú. Obviamente, todas estas reflexiones que estoy haciendo entre Tico y Castellano de Castilla, también las hacen los venezolanos, sorprendidos de que no llamen “cholas” a las “zapatillas” y los peruanos, de que no digan que va “calato” el que está “desnudo”. El domingo una tica se reía contando que una conocida nicaragüense (una “nica”, para los locales) decía que iba a “aliñar la sala” en lugar de “limpiar la sala” (en lugar de “limpiar el salón). Me acordé de las señoras mayores en Los Villares (Jaén), que decían “v’y-a-vé si m’aliño” para arreglarse. Al final, todo tiene sentido. Pero hay que ver la de tiempo que dedicamos a la descodificación de los mensajes…

Mi hija, cuya mejor amiga es venezolana y vive aquí al lado, pasa muchos ratos con ella. Cuando el otro día bebiendo se empapó la camiseta, en lugar de decir “me he manchado” o “me he mojado”, anunció “me rhegué”; cuando se le salió la chancla, dijo “se me quitó la chola”; su hermano le pidió “agahrra el cahrro que está allá”; piden que les “amahrremos los cordones”, y van añadiendo poco a poco mil detalles más. Al mayor, ya con 7 años, le sale sólo cuando se concentra y se le nota como a nosotros que lo hace imitándolos, como si fuera un idioma extranjero. La otra, sin embargo, cuando está recién llegada del cole, pronuncia perfecto y da la misma entonación que ellos. Nos tronchamos con nuestra panchita 🙂

 

PD. Me parto: Acabo de hacer una búsqueda para ver si podía poner una foto en la cabecera de este post con un cartel de “chineamos su carro” y resulta que google sabe más latín que yo:

Showing results for cuidamos su carro”
No results found for “chineamos su carro”

 

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“Vente pa’ Madrí”, cantaba Ketama

Sirva este post de hoy también para algunos lectores que he visto que vienen a este blog buscando cómo venirse a Costa Rica. Tal y como están las cosas en España, cada vez más gente decide emigrar y navega por la red buscando destino. Costa Rica es muy apetecible por el clima, la naturaleza, el idioma… pero algunos se vienen a la aventura. Mi advertencia desde aquí es: no es fácil conseguir trabajo y además Costa Rica es caro, muy caro, muy muy caro. Añado que el orgullo patrio es grande y ser españolito puede ser tanto una ventaja como un inconveniente dependiendo de dónde y cómo. Usadlo con mucha moderación y, como siempre que se llega a un entorno nuevo, con mucha humildad. Sé que suena obvio, pero hay quien anda por aquí pensando que se lo van a rifar por ser españolito. Así, decide no hablarles de usted o seguir diciendo “gracias” en lugar de “con gusto”, por mencionar dos detalles chorra que no cuesta nada cambiar. Obviamente, esos detalles los acompañan de mirar por encima del hombro al Tico. Y aquí hay gente muy preparada, un sistema educativo potente, una universidad potente y, como es natural, les jode que vengan a perdonarles la vida. Y si te estoy aguando la fiesta y te vas a ir del blog sin terminar de leer este post, llévate sólo dos consejos: Ahorra bastante antes de venir y adáptate tú, que eres el extranjero.

Como ya he dicho en alguna otra ocasión, creo que todos los países que conozco se quejan de su burocracia. Costa Rica no es una excepción y, sin querer abusar de vuestra paciencia ni hacer un listado exhaustivo, dejadme que os cuente algunos de los problemas burocráticos y financieros para instalarse incluso cuando se viene legalmente y con trabajo:

Mi costillo estuvo en agosto preparando la logística para cuando aterrizásemos todos aquí. Salía del trabajo cada día dispuesto a resolver las mil y una tareas pendientes del estilo de:
– ¿Cómo traer el dinero de la nómina? Transfiriendo desde España.
– ¿Cómo transferir desde España? Abriendo una cuenta en un banco.
– ¿Cómo abrir una cuenta? Dando su dirección en Costa Rica.
– ¿Cómo tener dirección en Costa Rica? Alquilando una casa.
– ¿Cómo alquilar una casa? Visitando varias y eligiendo una cercana al cole.
– ¿Cómo elegir cole? Visitando varios en la zona elegida.
– ¿Cómo visitar la zona elegida? Consiguiendo un coche para desplazarse.
– ¿Cómo conseguir un coche? Pagándolo y asegurándolo.
– ¿Cómo pagar? Con el dinero de la nómina.

Estos círculos viciosos sucedían empezase por donde empezase. Cada vez que hablábamos, comenzaba por “lo primero que tengo que hacer…” y nunca acababa de tirar de la hebra para desenredar la maraña. Al final, lo esencial -como siempre- son los contactos: Una conocida de un conocido que, por lo que sea, confía en tí, te deja dar en el banco su dirección. A partir de ahí, tiró de la hebra y sólo puedes resolver lo demás a golpe de tiempo y de talonario. De mucho talonario. Como dicen mis amigos catalanes, “Pagando, San Pedro canta”.

Y es que, cada detalle de los anteriores, trae otro dolor de cabeza (y varios pagos) detrás:
– ¿Transferencias desde cuenta en euros, o en dólares? ¿Cuánto cobra el banco emisor? ¿y el receptor? Inevitablemente, un porcentaje de tu nómina se queda en el Atlántico.
– ¿Transferencias cuándo y por cuánto? Y toca seguir los índices Euro-Dólar (los colones están ligados al dólar) para ver cuándo es el momento adecuado para ordenar las transferencias y saber qué días conviene pagar con tarjeta de banco español y qué días con tarjeta de banco de aquí. (De nuevo, un tantito se queda en el Atlántico)
– ¿Y me dices que hasta que no tengamos el cambio de visados no podemos operar online? Entonces, para pagar el alquiler hay que ir al banco A, sacar efectivo, ir al banco B e ingresar el dinero. (1h 30min costó el martes hacer esta “compleja” operación.)
– ¿Alquiler con o sin muebles? Y toca hacerse un cálculo de cuánto puede costar amueblar una casa en un país sin San IKEA bendito para ver cuál debería ser la diferencia de precio entre una opción y otra.
– ¿Qué seguro tiene el coche? ¿Con quién lo hago? ¿por qué dicen que necesito un abogado para firmar un simple papel? ¿quién paga la transacción? ¿cubre o no asistencia en carretera?
– ¿Cuánto dices que vale aquí un coche? Espera… [ahora acabo de mirar tasaciones de un Hyundai Accent, de 2a mano, del mismo año]… en España 6.000€ y aquí unos 6 millones de colones… eso es $12.000… con el dólar a… coño, ¿una vez y media el precio de un coche en España? ¡Y con este clima y carreteras chungas, que se estropean mucho más! ¡y con estos precios de mantenimiento, que se mantienen mucho menos!
– Entonces espera… ¿y si compramos sólo un coche? No sé… ¿cuánto dices que vale la ITV? ¿y el permiso de circulación? Me dice la vecina que este año van a renovar TODAS las matrículas del país para que tengan la bandera (!!!). Otro trámite a pagar… ¿y cuánto serían esos viajes en taxi? ¿y en bus? Aunque, claro, en el bus no debes ir con traje. Ay, espera, que la matrícula no podría acabar ni en 5 ni en 6, que así los miércoles, que es cuando uno de los coches no puede entrar en S.José, el otro sí que podría…
– Oye, que seguimos con lo de los visados pendiente. Hmmm… ya veo la información en internet: para cambiar del visado de turista al de residente hay que hacer un dossier con certificados, apostillas de la Haya y pagos de tasas. Y cobran una tasa dependiente del número de documentos del expediente. Más de 100 hojas tiene ya el nuestro (de los 5 miembros). Y otra tasa de $200 por persona “por la patilla”, para hacer el cambio de visado. E ir a migración, a lo de las huellas, a migración, al consulado,…
– Oye, que dice esta conocida española que tenemos que hacer un papel en un sitio al que llaman “la pani” para poder sacar a los niños del país. Sí. A los nuestros. Que tenemos nosotros que autorizar a que salgan *con nosotros* del país. A fulanita le pasó que no pudo irse la última Navidad estando ya en el aeropuerto porque se le había olvidado hacer el del pequeño y sólo tenía la autorización para los otros dos. Apúntatelo. Ya miro luego las tasas, que seguro que algo se llevan estos también.
– Oye, que dice la vecina brasileña que tenemos que mirar lo del carnet de conducir, que no podemos estar más de tres meses sin homologarlo. Espera, no. Era que no podemos homologarlo hasta pasados tres meses. Espera, no. Creo que eran las dos cosas (!). Me dice que necesitan, además del psicotécnico, un análisis de sangre para saber tu grupo. Y dice que allí al lado del super hay un sitio que te lo hacen por 20$ sólo pinchando en el dedo. Sí, sí. Lo que te digo: 20$ por persona para pincharte en el dedo y decirte que eres A+. Lo que no he mirado son las tasas del carnet.
– Oye, ¿sabes qué dice el venezolano de más abajo? Que igual nos sale más barato ir a Panamá cada 3 meses a pasar un fin de semana y ya ni visado, ni carnet. Dice que hay sitios bonitos en Panamá. ¿Lo miramos cuando tengamos un rato? 🙂

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Disclaimer: Perdonad que hoy el post no sea una bonita historia de lo bien que nos lo pasamos aquí, pero me ha dado un poco de yuyu ver que hay quien cae por este blog buscando “emigrar a Costa Rica” y quería contaros también alguna miseria. Me han salido desordenadas e incompletas, pero al fin y al cabo, son miserias y no se merecen más. No dejaremos que nos estropeen la estancia, no lo dudéis 🙂

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